Las viñas viejas de Garnacha blanca ofrecen un vino de alta concentración y de una finura excepcional. El vino descansa en hormigón, salvo un pequeño porcentaje que lo hace en fudres de roble austríaco. En nariz se mezclan los aromas de fruta blanca madura y flores blancas con algunas pinceladas de madera muy bien integradas. Es un blanco envolvente, largo y profundo, muy gastronómico.
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